No lograron convertirnos en ellos: porqué el libro no va a morir

Entendemos al libro no como un soporte de información sino como una forma de organizar gran cantidad de información escrita, gráfica o visual, tanta que deviene necesariamente en el tránsito de una experiencia inmersiva.

Es un proceso creativo, reflexivo, un compromiso enorme entre autores y lectores en el que ambas partes deciden dedicarse tiempo la una a la otra, conocerse y explorarse. Porque el libro (la experiencia del libro) es, por sobre todo, la decisión de REGALARSE, a uno mismo o a un otro, tiempo de leer y oportunidad de sumergirse en una idea.

El libro es, entonces, un salto al vacío de quien lee y decide entregarle a su creador el recurso más acotado y disputado de la era de las notificaciones: la atención.

De ese tiempo y compromiso emerge el doble viaje que el libro implica: hacia adentro de uno mismo y hacia adentro de un autor; autor que ya recorrió ese camino introspectivo y volvió con un mensaje tan importante para compartir que necesita que los caracteres no sean un límite permanente. Un viaje que se comparte en parches de tren, toalla al sol e inodoros y se transita con los matices propios de sus soportes: papel, ebook o audiolibro.

Leer más: entre los impolutos del lápiz y los compulsivos

Si el tuit toma unos segundos por asalto para robar una sonrisa y la nota negocia minutos a cambio de una o dos ideas interesantes, el libro ofrece empezar una relación e ir renovándola en cada hora compartida. Nos lleva a sumergirnos tanto en una idea que podemos, aunque sea por un rato, pensar en una sola cosa y, recién ahí, emerger siendo distintos. Que ninguna persona cruza dos veces el mismo libro.

Libros. Esos objetos que traemos al mundo, que elegimos ocupen nuestro entorno, nuestros escritorios, bibliotecas y mesas ratonas. Objetos ya románticos: fácilmente reemplazables en su dimensión de contenedores de información pero indispensables como soporte para anotaciones al margen, esquinas dobladas, hojas que cambian de color con el tiempo, dedicatorias y declaraciones de intención en el subte. Todos los ebooks leídos en el subte son idénticos, pero cada libro en papel es de su propia y única manera.

Esto no quiere decir que ebook y papel necesariamente sean opuestos. Más bien pueden ser pensados como complementarios, como dos soportes separados que trabajan juntos.

A pesar de que el ebook soluciona de llano los problemas de distribución, pierde potencia en la circulación. El libro papel cambia de manos, se presta, se regala, se olvida y se encuentra. Donde compartir un ebook es un proceso casi trivial, prestar un libro papel es un proceso emocional, reflexivo.

 

Este texto es una edición de la publicación original en El Gato y La Caja titulada ¿Por qué libros?

Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Pin on Pinterest0Share on LinkedIn0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *