365 +2018

El 2017 se despide un poco rengo pero también gordo. Rengo porque algunas cosas quedaron a mitad camino. Cosas que tuve en mente pero que no cumplí.  La mayoría de las veces por falta de tiempo y exceso de obligaciones. Los pendientes de siempre. Quizás este año que empieza tenga que aprender a priorizar.

Pero también fue un año gordo. De aprendizaje, de nuevos amigos. Nuevas anécdotas. Más atardeceres. Gente un poco más cercana y gente que empecé a despedir.

Fue un año en el que también me encontré en lugares en donde no me gustó estar. Verme enojada, frustrada y dolida. Días en que estuve estancada en la misma página hasta que al fin elegía dar la vuelta la hoja.

Un año de reencontrarse con gente nueva. De saber que están ahí por algo. Que aparecieron y todavía no sé muy bien porqué. Ni a qué. Pero ahí están.

Caminar por lugares nuevos. Darse cuenta de que en cada bocanada de aire, hay mucho mundo todavía por descubrir. Volar más. Animarse más.

En definitiva, no hay qué reprochar a este año. Porque fue de carne y hueso. Porque lo hice yo. Y porque hice lo mejor que pude. Borrón y cuenta nueva. Bienvenido 2018

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