Noche de caza

Dejar los buenos modales en la puerta.

Meterse en un personaje que no corresponde.

Envalentonarse con algunas copas  (y cosas) que hagan disparar los indicadores de alcoholemia.

Ser vulgarmente seductora. Ser grotescamente atrevido.

Ahí estamos, jugando a ser quienes no somos, para ver si conseguimos la aceptación que no merecemos. Por convertirnos en criaturas básicas, que poco tienen que ver con lo que se ve a primera luz del día. O con lo auténtico de las 4 de la tarde.

Porque la noche está hecha para cazar.

Pero al fin y al cabo, vuelven a sus casas pensando que hubiesen preferido quedarse a dormir. Otros regresan jurando nunca más. Y sólo unos pocos tardarán en experimentarlo, tipo 9 de la mañana cuando el sol pegue de frente y amanezcan con alguien que no conocen ni quieren conocer.

No es que la noche no sea divertida. No es que la vida tenga que ponerse aburrida. Es que sería mejor ser uno mismo.

Es que sería mejor que seamos nosotros.

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