Al olvido, invito yo

Hay alquimias que no son posibles. Y la nuestra es una de ellas. Es cierto que a cada chancho le toca su San Martín, pero vos no vas a ser ni mi chancho, ni yo tu San Martín.

No es que ya no me divierta tu indecisión. Es que yo estoy convencida de que si se puede tener todo. Que no es esto o aquello. Que en ese aquello si hay lugar para dos. Si se quiere.

No es que me hayan dejado de gustar todos los mundos que hay en tu cabeza.  Lo que pasa es que yo ya decidí en cual mundo quedarme (y estás incluido). Y no necesito seguir explorando para descartar todas las opciones y recién convencerme.

No es que me haya creído la excusa “no sos vos, soy yo”, es que me di cuenta que si, que soy yo. Que soy yo la que tiene la culpa de querer jugarse el todo por el todo. Y quizás quedarme con nada. Y no me da vergüenza admitirlo.

No es que no crea en que “si tiene que ser, será”. Es que ya no me conforma refugiarme en ese consuelo. Es que aprendí que los tiempos los maneja uno, y que no se miden en horas, días o meses. Se miden en convencimiento y eso es lo que marca un ahora y un después. Y tal vez no hay un después.

No es que ya no crea en tus palabras. Es que me aburrí de la verborragia y aprendí que hay ciertas palabras que no pueden repetirse y repetirse y repetirse, sin que el sentido se pierda. Y así fue.

Y no es que esta vez no acepte pasar por jugar el papel de interesante o por hacerme la linda.  Lo siento pero paso… Esta vez decido yo. Y decido por mi. Esta vez, al olvido invito yo*.

#TodosLosDiasEsVerano
*De la canción de Alejandro Sanz.
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