A foja cero

Líbranos, Señor, 

de encontrarnos años después, 

con nuestros grandes amores.

Cristina Peri Rossi

fojacero
Me da miedo volver a ese lugar en donde había sido tan feliz. Quizás porque iba a reencontrarme de frente, cara a cara, con el fracaso de aquello que quiso pero no pudo ser. Porque allí planeamos un viaje que salió terriblemente mal y un futuro que no se va a dar. Porque ahí mismo también habitaba la convicción de que alguna vez íbamos a ser.

Miedo de volver a ese lugar en donde sé que tu egoísmo y tus miedos no existen, no te definen. No te traban, no te impiden. Miedo porque en ese lugar no soy tan dramática e insistente ni vos tan racional y frío. Porque ahí eras valiente, sin peros, sin quizás.

Al salir, voy a cerrar con un portazo para sentirlo bien fuerte. Para no olvidar que para pasar del cielo al suelo basta recorrer 300 kilómetros de distancia. Para autoconvencerme de que es hora de ponerle un punto final a esta historia de idas y vueltas. De más “no sos vos, soy yo”. De disimulos de olvido y vueltas a aparecer.

En fin. No me queda otra alternativa que volver porque acá, donde estoy ahora, no hay lugar para mí. No hay lugar para nosotros.

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