Lo que vio cada uno

todos miraban

Me veo a mi misma sentada en la escalera de granito, con mi vestidito de jean y gran cuello blanco. Me acuerdo que era Navidad porque mis hermanos estaban con su mejor atuendo, listos para partir a lo de los abuelos y también porque mi mamá había dejado el pavo con ensalada rusa sobre el piano que estaba en la sala de estar.

Recuerdo que mi papá estaba muy enojado porque el clima no ayudaba a transitar un camino de 70 kilómetros, de poca luz y animales sueltos. Hoy pienso que tiene razón pero en aquel entonces no entendía porque él no amaba tanto como yo, las visitas a la casa de mi tata.

Me acuerdo que fueron los ruleros de mi mamá fueron la gota que rebalsó el vaso. “Siempre tarde, todo a último momento con vos. Yo no me quiero matar con mis 5 hijos”, le gritó con una voz que creí que no le pertenecía.

Ofuscado, embroncado, enojado, alterado, violento. Si, todo eso junto.

Y lo que sigue, es una sucesión de imágenes en cámara rápida. Salió disparado con una botella de sidra, directo al vidrio de frente del auto. “O llamás a tu papá y le decis que no vamos o rompo el vidrio del auto y te doy una excusa”.

“Yo no me voy a matar con mis 5 hijos”. Mi hermana de 12 me abrazó, la de 19 le dijo “mamá llamá al abuelo” y mi hermano de 15 le dijo “papá tranquilo”.

Y yo me quedé arrodillada, como en bolita, en la escalera…

A esta escena quiero ponerle un final. ¿Y por qué hurgar tanto? Porque es una de las pocas noches de mi infancia que recuerdo tan bien y a partir de ahí, sé que en mi familia cambió todo.

Este relato forma parte de “Ladran Sancho”, un proyecto de escritura colaborativa. La idea es que cada uno vaya sus producciones.

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