Qué importa qué

Nos abrazamos. Nos soltamos despacito casi como prolongando la despedida. Así nos dijimos chau.

En medio de unas pocas lágrimas para disimular que eso no tenía importancia

o para tratar de autoconvencernos de que no era más que otro de los tantos adioses.

Le susurré algo que sólo yo entendí.

Qué importa qué.

Si no entendió nada, si sonrió de costado y me dijo “Lo sé”.

Las palabras, al viento. La interpretación, al azar.

¿El final fue lo dicho o no dicho?

 

Más en Todos los días es verano

Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Pin on Pinterest0Share on LinkedIn0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *