La estabilidad artística – N. Goldberg ( o aprender a escribir)

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Tengo una pila de aproximadamente metro y medio de libretas de espiral que, más o menos, empiezan en 1977. Entonces ya vivía en Taos y eran los primeros años en que empecé a escribir. Tengo unas ganas enormes de tirarlas. ¿Quién se arriesga a volver a leer las porquerías que pueden salir de la cabeza de una cuando hace ejercicios de escritura? Tengo un amigo, en New México, que construye casas solares hechas de latas de cerveza y viejas llantas de coche. Creo que, antes o después, yo construiré una hecha con viejas libretas de espiral.

Una amiga que vive en el piso de arriba me dice: No las tires. Le contesto que, si quiere, se las puede quedar todas. Las amontono encima de los peldaños que llevan a su apartamento.

A mi vuelta, ella me mira de forma extraña y se deja caer pesadamente encima del viejo sillón rosa de mi dormitorio. He pasado todo el fin de semana leyendo tus libretas. Son tan íntimas; a lo largo de páginas y páginas no hay otra cosa que miedo e inseguridad y luego, de repente, ya no eres tu: sólo energía bruta, una mente desencadenada. Y ahora estás aquí, tú, Natalie, en carne y hueso, una persona como yo.

Es una sensación tan cómica. A mí me gusta. Necesito que alguien más me conozca. Nos movemos en medio de tantos mitos, acerca de nosotros y de los demás, que no podemos dejar de sentirnos aliviados cuando alguien nos ve y nos acepta tal como somos.

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Si entonces escribías aquellas porquerías y ahora escribes lo que escribes, me dijo mi amiga, esto me da a entender que puedo hacer cualquier cosa. En la mente hay un potencial inmenso. Ahora tengo la sensación de ser capaz de todo! Y añadió que lo que más le había chocado de mis cuadernos, cuadernos enteros llenos de quejas, descripciones aburridísimas y explosiones de rabia desenfrenada, era la fe absoluta en el proceso evolutivo. He visto que has podido seguir incluso cuando escribías: Tengo que estar loca para hacer esto.

Tenía fe en la existencia de algo real bajo la superficie de la vida, o en el seno mismo de la vida pero, a menudo, mi propia mente me dormía o me distraía; sin embargo, la mente y la vida eran todo lo que poseía. Siguiendo la lectura de los cuadernos, me he dado cuenta de que este modo de escribir te permite convertirte en lo que ahora eres. Es una verificación de nuestra esencia humana. Cuando se empieza a escribir de esta manera, o sea empezando por nosotros mismos , puede que sea necesario que aceptemos escribir porquerías durante cinco años, puesto que dentro de nosotros hemos acumulado muchas, muchas más, y nos complace fingir que no estaban allí.

Estamos obligados a enfrentarnos con nuestra pasividad, nuestras inseguridades, nuestro odio hacia nosotros mismos y, por último, con el miedo de que en realidad no tengamos nada que decir. Es verdad que, cuando empezamos algo nuevo, tenemos que enfrentarnos con violentas resistencias.

Cuando lo que ponemos en el papel brota desde el fondo de este montón de basura y de compost, lo escrito posee una estabilidad muy particular. No huimos de nada. Podemos permitirnos un sentimiento de seguridad artística. Si no tenemos miedo de nuestras voces interiores, tampoco tendremos miedo de las críticas exteriores. Además, estas voces son simplemente demonios, guardianes que protegen el verdadero tesoro: los primeros pensamientos de la mente. (…) Después, reforzados con esta nueva toma de consciencia, estamos mejor equipados para tomar partido por la belleza, la dulzura y la pura verdad. Hay que hacer esta elección con los pies fuertemente enraizados en tierra. No podemos perseguir afanosamente la belleza con el miedo pisándonos los talones.

Imagen #2 de Pinterest

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