Historias asomando por ventanas

ventanas que tendra para decir esa gente

A simple vista todo parece uniforme. La forma, los colores, el aspecto en general.
Pero si el observador decide agudizar la mirada, se dará cuenta de que detrás de esa aparente homogeneidad, se esconde un mundo diverso. Las diferentes facetas y formas que puede tener una persona en este mundo. Infinitas. Incontables.

Entonces, la pregunta y las inquietudes dejan de ser por la semejanza y empiezan a preguntarse por la diferencia. ¿Cómo somos diferentes? ¿Qué pasará detrás de esas ventanas? ¿Qué tiene para decir esa gente? ¿Qué hacen y en qué mundos habita esa gente?

Esa ventana que está oscura me recuerda a que en esa negrura que envuelve el ambiente somos todos indefensos. A veces vulnerables. De repente se prende la luz y…. (¿Qué hace esa persona?)

Un perro está quieto, pegado al vidrio de otra ventana, casi en la esquina del edificio. ¿Dónde están sus dueños? Si el perro supiera que el pelado de su dueño trabaja 11 horas por día para cubrir los gastos de ese departamento de 2×2 y que antes que abandonar a su fiel mascota, preferiría dejar su trabajo. Lástima que no puede.

En esa otra ventana, veo una pareja despedirse. Al parecer, él lleva el saco de un traje colgando del hombro. No puedo ver los ojos de ella, pero puedo imaginar que están algo tristes. Lo que sucede es que se siente…  (¡¿Qué?!)

Así, termino por comprobar que cuando nos decidimos a abrir nuestras ventanas al mundo, dejamos al descubierto una parte nuestra. Esa que revela que somos humanos, llenos de historias.

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