En el Inframundo Maya – Cenotes

¿Alguna vez pensaste que alguien podría tener el portal del inframundo en el patio de su casa?

Matute lo tiene, y no  sólo uno, sino varios.

Camino a la playa de Akumal, en la Riviera Maya, nos encontramos con Jesús, el dueño de una agencia de turismo llamada Elements Tours, quien nos ofreció el alquiler de los equipos de snorkel para nadar con las tortugas y peces marinos en la bahía. La experiencia fue realmente alucinante y ese fondo marino no tiene nada que envidiar a los arrecifes de Cozumel. Tienen belleza propia y un agregado particular, que es la presencia de las gigantescas tortugas. Pero de esta experiencia, hablaremos un poco más en otro post.

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Cuando terminamos de realizar la actividad nos comentó sobre la visita que ofrecían para conocer los cenotes ubicados en la zona de Akumal en un terreno privado, en la “casa de Matute”. Manejábamos un buen caudal de información acerca de los cenotes, de cuáles eran los mejores y más lindos, pero terminamos por convencernos de lo que nos ofrecía Jesús cuando nos comentó que se trataba de una excursión privada.

Los Mayas consideraban que los cenotes eran el portal al inframundo o mundo de los muertos llamado Xibalba, el cual se encontraba en el subsuelo terrestre bajo el agua. También se dice que los Mayas creían que los habitantes del inframundo vivían de cabeza y que, al ponerse el sol, Xibalba rotaba sobre la tierra para formar el cielo nocturno.

Luego de adentrarnos en un paisaje selvático, llegamos a la casa de Matute y comenzamos el recorrido hacia los cenotes. El primero de ellos se trataba de un cenote seco. Si bien no era de grandes dimensiones, al recorrerlo empezamos a comprender el sentido que le daba la antigua civilización a estos lugares tan particulares. La oscuridad y el silencio en su interior explicaban por qué lo relacionaban con el extenso camino hacia Xibalba.

Continuamos caminado por el bosque para llegar al segundo y tercer cenote. Estos si poseían en su interior agua. Era interesante observar la formación de la estalactitas y estalagmitas como así también el modo en que las raíces de los árboles, ubicados sobre el terreno superior del cenote, se adentraban a través de las estalactitas en búsqueda de humedad. Si bien la sensación de oscuridad y silencio uno podía asociarla con la muerte, resultaba paradójico que dentro del cenote hubiera tanta vida ya que en él se podía observar desde murciélagos, escorpiones, tarántulas y hasta el famoso pez gato (bagre).

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El agua es cristalina. No es cálida como la del mar pero sin dudas, con tantos motivos para asombrarse, uno se olvida del frío.

Los cenotes que visitamos eran de entrada lateral del tipo grutas, por lo que la luz del sol solo llegaba a unos cuantos metros de su ingreso, haciendo necesario el uso de linternas. Luego de caminar y nadar por un buen rato dentro del cenotes apagamos las linternas y nos mantuvimos en silencio para apreciar esa sensación de la nada misma, del silencio absoluto, de la oscuridad extrema algo que difícilmente se puede experimentar en la jungla de cemento (es decir la ciudad). Esta sensación nuevamente nos llevaba a la interpretación que les daban a estos lugares los Mayas y que sin duda se sentía como estar en el inframundo.

Por último, llegamos al cuarto cenote. Si bien cada cenote tenía su particularidad por sus propias figuras esculpidas por la propia naturaleza, este cuarto cenote además tenía una algo que lo distinguía de los demás, era el cenote elegido por Matute para la realización de fiestas. Lástima que no tuvimos la oportunidad de asistir a una de ellas, pero sin dudas deber ser una de las mejores fiestas a la que se puede ir.

Gracias Jesús y Matute por permitirnos realizar esta experiencia tan particular y asombrosa, nada más ni nada menos que en el patio de tu casa…

S.R

Colaborador de En Babia

 

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